Micaela García tuvo dos hijas mellizas, a quienes en una especie de humorada, bautizó como Mica y Ella. Como tantas madres, quería que sus hijas fueran un reflejo de ella, en este caso, como eran dos, cada una representaría una mitad de su identidad. Mica era fuerte, valiente, dura como todo mineral(su madre pensó en esa mica y no en un mono cuando la nombró). La otra hermana, en su intento de diferenciarse, solía decir que había sido llamada Ella en honor a la reina del jazz, la Fitzgerald, una cantante con un registro maravilloso de tres octavas, sensible como pocas. Si lo pensamos bien, Ella también era brillante y fuerte como la mica, y Mica, sin duda, tenía un lado sensible y llorón. Según las ciencias astrales compartían una misma carta natal por haber nacido el mismo día, pero se diferenciaban en el carácter para llamar la atención de su mamá.
Micaela García era madre soltera de estas mellizas y vivía como podía en el pueblo de Goya, en Corrientes. Sus días transcurrían sin tener la posibilidad de detenerse y descansar, ya que era el único sostén de estas dos criaturas. El padre se había ido a cosechar algodón, eso dijo, pero no quiso cosechar mellizos y desapareció de Corrientes.
Cuando llegó la edad de los bailes, las niñas García, ya jóvenes y atractivas por igual, frecuentaron la peña de Chamamé, donde las muchachas de la zona, muy católicas, buscaban pretendientes. Fue allí donde un sábado a la noche ocurrió lo impensable. El destino les jugó una mala pasada(o no) a siete personas al mismo tiempo, en un hecho que posiblemente no tenga precedentes ni tampoco se repita en la historia, al menos seguro que no en la historia de Goya.
Las García se encontraron en la peña con los quintillizos Tournier, del pueblo vecino, hijos de dos franceses que tras una fertilización in vitro muy exitosa, supieron en carne propia lo cierto que es eso de “ten cuidado con lo que deseas”. Jacques, Henri, André, Jean Pierre, y Gerard fueron el resultado de su búsqueda, y el origen de sus nombres no puede ser rastreado ya que ni tiempo tuvieron de pensarlos. Cuando supieron que en vez de tres fueron cinco los embriones implantados, se enojaron con el médico y con la vida, y los nominaron con el simple término de bebés, hasta que llegó el bautizo.
En la Peña, Mica y Ella se sorprendieron al ver entrar a esos hermosísimos hermanos y, como mellizas, no tardaron ni cinco minutos en encontrarse riendo, charlando y compartiendo con ellos el alcohol que habían llevado a escondidas y que consumieron como si no hubiera un mañana. Sin ahondar en temas morales, la cuestión es que hubo un mañana en el que despertaron todos juntos, los siete, en un granero detrás de la peña, y sin saber exactamente que había ocurrido. O, más bien sabiendo exactamente lo que había ocurrido pero no entre quien y quien, dadas las altas posibilidades de combinación y permutación del caso.
Sincronizadas en sus periodos, y con igual capacidad de perder los bordes con la bebida, las hermanas García quedaron embarazadas de los Tournier. Jamás iban a saber quienes eran los padres exactamente, ya que las pruebas de ADN no arrojarían luz sobre una certeza de paternidad, sino un resultado único en la historia: dos chicas estaban embarazadas de cinco chicos.
El dilema se resolvía creando un nuevo modelo de familia basado en las probabilidades, y como Goya era un pueblo conservador, Mica y Ella se fueron a vivir con los cinco Tournier y crearon un pequeño nuevo pueblo para evitar habladurías. Nadie quería dejar a un hijo guacho, nadie quería quedar como zorra, nadie quería evadir su responsabilidad parental. Y como los hermanos eran idénticos entre si y las hermanas también, ningún habitante en el nuevo pueblo tendría muy claro como juzgarlos. Podrían parecer una familia bien constituida con el extraño poder de bilocarse, trilocarse o cuatrilocarse. Con el tiempo se darían cuenta de que eran siete, pero como ellos serían los fundadores de esa villa, al que no le guste que se vaya.
La abuela Micaela no juzgaría la situación, ya que, como madre soltera, le parecía una evolución en el linaje femenino que sus hijas tuvieran cinco proveedores para sus niños. Los franceses y la fuerte Mica (aun estando preñada) construyeron las casas y una iglesia, cual comunidad amish, y Ella acompañaba con canciones y mate la gesta de esta familia multiparental.
El pueblo Los Hermanos tuvo todo lo necesario: Jacques se recibió de médico, Henri de abogado, André de ingeniero, Jean Pierre de contador y Gerard abandonó los estudios que financiaba el padre para convertirse en un astuto comerciante. Mica y Ella se dedicaron durante esos cinco años a criar a los niños: Mica dio a luz a Sissi y Ella dio a luz a Enrique, pero lo llamaron siempre Nono, ya que las mellizas siguieron la tradición humorística de su madre. Los niños del pueblo, entonces, respondían a los nombres Sisi y Nono, generando muchas risas y no pocos inconvenientes en la crianza. Obviamente, Sissi tuvo gran autoestima y Nono resultó bastante reprimido y superyoico.
Cuando los chicos preguntaron quien era su padre, a los cuatro años, la respuesta fue que todos lo eran, porque todos los querían. El colegio de Goya sabía la situación y no se quejaba, bastaba que alguno de los cinco padres y alguna de las dos madres asistieran a las reuniones de padres y pagaran la cooperadora. Todos en el pueblo sabían la extraña historia de los Tournier García, a quienes con maledicencia llamaban los hijos del chamamé, como si fueran un dúo folklórico.
Incontables mateadas en Goya tenían como tema esta pregunta: que va a pasar cuando quieran darle hermanitos a Sissi y a Nono? Mantendrían esa indiferenciación y los tendrían entre todos, o empezarían a formarse una o dos parejas monógamas para retomar el modelo hegemónico de familia? Jacques, el doctor, miraba muy encendidamente a la fuerte Mica y André, el ingeniero, suspiraba por la dulce Ella. Jean Pierre parecía haberse enamorado de la maestra de los chicos, Gerad tenía una amante en cada pueblo donde comerciaba y un día Henrí, el abogado, decidió tomar cartas en el asunto y llamó a reunión familiar.
-El problema de vivir en un mundo de posibilidades-dijo seriamente Henri- es que las posibilidades son infinitas. Tarde o temprano tendremos que explicar a los chicos que no son hijos del chamame sino mas bien del Fernet, se resentirán con todos nosotros. Sus parejas tendrán demasiados suegros, sus hijos demasiados abuelos. Cuando sean adolescentes nos pedirán permiso para salir y tendremos que hacer una sesión entre los siete para conceder esos permisos, o habrá fisuras en la crianza, dobles o triples mensajes. Los niños serán locos, y encima, ninguno de nosotros es psicólogo… -su cara enrojecía a medida que hablaba pronosticando catástrofes.
Henri propuso separar al clan, que Jacques se fuera a otra casa con Mica, André con Ella, que Jean Pierre formara una familia con la maestra de la escuela, él quería estar solo, dijo, y le propuso a Gerard que se hiciera cargo de los hijos que iba sembrando en sus viajes comerciales.
Así llegó el límite y la ley al pueblo Los Hermanos: casaron a las parejas, el resto de los hermanos fueron llamados tíos, la gente de Goya murmuró hasta que perdió el interés y el cura de la parroquia se alegró de que los Tournier García dejaran de vivir en el pecado. -Todos desean a la mujer del prójimo- le había dicho en una oportunidad a André, quien contestó rápidamente que no era así porque las mujeres eran de todos o más bien de nadie, si supiera Ud., padre, lo independientes que son Mica y Ella!!
Pero este asunto de que las infinitas posibilidades y combinaciones generan angustia fue un denominador común en todos los integrantes de la familia, que, tras hacer una terapia familiar con una psicóloga de la capital de Corrientes, decidieron seguir el camino indicado por Henri. La terapeuta tomó unas largas vacaciones después de atenderlos porque era sistémica y se angustiaba también, incluso dejó de tomar notas y les aconsejó hacer constelaciones familiares, no se sabe si lo hizo de manera profesional o como una suerte de venganza.
No tuvieron que hacer ninguna terapia más. El mundo siguió adelante, las mellizas estudiaron psicología, ambas inspiradas en lo que dijo Henri, y el pueblo de Goya se calmó respecto a Los Hermanos hasta que Sissi le dijo a Mica que no se percibía mujer, que su identidad de género era otra. A Mica y a Ella les pareció genial, pero sabían que el pueblo iba a mostrar rechazo. Sissi dijo que, en realidad, ella era de género fluido. Henri Tournier, el ingeniero, siempre reía a carcajadas diciendo que ser bisexual aumentaba en un cincuenta por ciento las posibilidades de encontrar con quien salir un sábado. Sissi sabía que era cierto.
El pueblo Los Hermanos fue semillero de alternativas. Con el tiempo, aquellos habitantes de Corrientes que querían salirse de los patrones establecidos se instalaban allí para poder pensar con más libertad. Crearon un par de cooperativas que funcionaron de verdad, y cuidaron el medioambiente con responsabilidad pocas veces vista. A todos les gustaba que hubiera tachos de distintos colores, adoraban rotar los cultivos, y les encantaba proteger la variedad de las especies. Amaban debatir, incluso los animaba no ponerse de acuerdo.
Porque, como ya lo había dicho Andre en aquella reunión familiar que lo cambió todo, el mundo de las infinitas posibilidades podrá ser angustiante pero flexibiliza la mente. El pueblo Los Hermanos, fundado por una familia de siete, los Tournier García, da testimonio de esta verdad, surgida de un confuso encuentro en una peña de Chamamé. Y al que no le gusta, que se vaya.
Adriana Bonazzi
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