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Tal vez haberme ido así, de la manera en que me fui, no haya sido la mejor parte de nuestra historia. Por eso pensé en mandarte este mensaje para explicarte las razones. Llevo horas pensando, y me agota pensar mucho más que correr. Miro nuestros doce años juntos como algo superado y no siento ganas de ir hacia atrás.

En este preciso momento en que te escribo, me parece inútil tener que justificarme. Me fui porque ya no quería estar ahí, a tu lado, sintiendo que perdía mi deseo, mis ganas de vivir, mi dirección. Mi talento es irme, salir de donde las cosas se ponen tristes y melancólicas.

¿Te acordás cuando yo quería pasar mi cumpleaños en la costa, y vos me fuiste minando el entusiasmo porque ya era abril y decías que hacía mucho frio? Qué importaba si nos íbamos a congelar mirando un mar un poco gris o incluso si una gaviota iba a cagar sobre nosotros dos… nos hubiéramos reído y hubiéramos corrido hacia el hotel… yo quería ir al mar y vos no quisiste, de eso me acuerdo.

Te acordás cuando yo no quería ir a almorzar a lo de tu mamá dos veces por semana, y vos insististe? Cuando quise adoptar ese perro que lo llamé  Perru y vino hacia mí corriendo, y vos me obligaste a dejarlo en la calle?

No tengo ganas de explicarte por qué me fui, o de excusarme por la manera en que me fui. Vas a decirle a todos que te deje por whatsapp. No me avergüenza, porque mi naturaleza es correr hacia adelante cuando percibo el peligro.

Y el peligro era quedarme en ese mar gris de tu compañía, mientras me cagaba encima la gaviota del envejecimiento. Era la promesa de una vida descolorida, tenía que eyectarme.

No me entendiste, no supiste ver mi esencia de cañita voladora, de gacela salvaje, de guepardo corriendo. En este preciso instante me percibo viva a mí misma, y eso me alcanza y sobra. ¡Te mando un beso desde Mar del Plata, brindo por todo lo vivido y te deseo asimismo que tengas buena vida! No desprecio tu manera de existir, simplemente no vas hacia donde yo voy.

Creo que fue Albert Schweitzer quien dijo algo muy simple y cierto: “Soy un ser vivo y deseo vivir, en medio de seres vivos que desean vivir». La vida tiende a vivir, te lo dice la materia. Las heridas tienden a cicatrizar en el cuerpo. Un tejido nuevo crece sobre otro desintegrado. Una neurona se ocupa del trabajo de otra que murió, un ciego oye más para compensar su defecto… todo tiende a sobrevivir. Y yo. Y vos.  Dejar atrás es parte de mi ser. No te dejo atrás a vos, sino a una situación de la cual tuve que emerger nueva, más caliente, como si la vida misma me pariera desde mi propio pasado.

Conseguí trabajo en un club como entrenadora, empiezo ahora en abril, y en el verano haré valer mi título de guardavidas en algún balneario, Siempre me gustó correr hacia el mar y rescatar a alguien, hacerle la resucitación y ver que vuelve a la vida, que tiende a vivir. Que el mar escupió a esa persona para darle una segunda oportunidad, un inicio, un antes y un después.

Sin más, te mando un abrazo. Creo que no te expliqué nada en realidad, pero espero recuerdes con cariño el día en que corrí la media maratón de Buenos Aires. ¿Te acordás? Me  alcanzaste el agua y la toalla cuando llegué a la meta y me dijiste que mi cara resplandecía.

 

Adriana Bonazzi